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Inteligencia artificial en odontología: una herramienta de apoyo, no un reemplazo del criterio profesional
21 de julio de 2026 5 minutos de lectura
Una conversación con la Dra. Patricia Vivat, odontóloga uruguaya y Máster en Inteligencia Artificial y Odontología por TECH Global University de Barcelona, repasó los desafíos que entiende tiene la incorporación de Inteligencia Artificial (IA) en la práctica odontológica. Su mirada se centró principalmente en la endodoncia. Sin embargo, hay una pregunta clave que sobrevuela la charla: ¿cómo se pueden construir herramientas que no solo automaticen tareas, sino que mejoren de verdad la práctica clínica?
Vivat es una odontóloga uruguaya con especial interés en la incorporación de nuevas tecnologías al campo odontológico, en particular en el área de la endodoncia. Su recorrido combina la práctica clínica con la formación en nuevas tecnologías aplicadas a la salud, una línea en la que viene profundizando a través de estudios específicos y trabajo de revisión académica.
En ese marco, ha investigado los avances, desafíos y perspectivas del uso de inteligencia artificial en endodoncia, poniendo el foco tanto en la evidencia científica internacional como en las oportunidades y limitaciones que plantea su aplicación en Uruguay.
¿En qué momento se encuentra la odontología en nuestro país si hablamos de la incorporación de tecnologías?
En el mercado ya existen múltiples soluciones orientadas a tareas administrativas: agendas, historias clínicas digitales, automatización de respuestas a pacientes o seguimiento comercial. Son desarrollos útiles, pero no necesariamente los más transformadores.
La apuesta más desafiante —y, posiblemente, más valiosa— aparece en la aplicación clínica. La posibilidad de utilizar inteligencia artificial para asistir en la interpretación de imágenes, identificar zonas de interés, mejorar la lectura diagnóstica y reforzar la explicación visual al paciente abre una nueva etapa para la profesión.
Creo que la idea —al menos por el momento— no es sustituir al odontólogo, sino ampliar su capacidad de observación y análisis. En otras palabras, no reemplazar el criterio profesional, sino complementarlo. La toma de decisiones clínicas, la definición de conductas terapéuticas y la responsabilidad profesional seguirán estando siempre en manos del odontólogo.
¿Hay evidencia de que la IA va a mejorar la práctica odontológica?
Esta mirada que yo tengo no surge solo de una intuición profesional. En un trabajo académico que realicé, denominado Inteligencia Artificial en Endodoncia: Avances, Desafíos y Perspectivas, se revisan investigaciones publicadas entre 2018 y 2025 sobre el uso de IA en esta especialidad.
Según esa revisión, los algoritmos de aprendizaje profundo —en particular las redes neuronales convolucionales— ya muestran resultados muy prometedores en tareas como la detección de lesiones periapicales, la identificación de fracturas radiculares, la segmentación de conductos y la planificación de tratamientos. En algunos estudios, incluso, alcanzan sensibilidades superiores al 90%.
El trabajo también señala que estas herramientas podrían ayudar a predecir resultados clínicos y optimizar procedimientos complejos, mejorando tanto la precisión diagnóstica como la eficiencia en la práctica cotidiana.
O sea que es posible que en un futuro cercano la IA pueda hacer diagnósticos de la salud bucal de un paciente.
Aun con ese potencial que se menciona, desarrollar soluciones aplicadas a la odontología no es un camino simple. Requiere inversión, tiempo, acceso a datos confiables y, sobre todo, trabajo interdisciplinario.
Uno de los puntos más fuertes que surge de las investigaciones es que este tipo de innovación difícilmente pueda sostenerse desde el esfuerzo aislado de un solo profesional. Se necesitan equipos que integren odontólogos, desarrolladores, especialistas en datos, perfiles técnicos, instituciones académicas y actores capaces de pensar también la dimensión ética y regulatoria.
En ese sentido, la inteligencia artificial aplicada a la odontología aparece menos como un producto cerrado y más como un proceso de construcción colectiva. Incluso en los escenarios más avanzados, su función debería ser la de asistir, complementar y aportar información útil para el análisis clínico, sin sustituir nunca la evaluación, la decisión ni la responsabilidad del profesional tratante.
¿Qué rol cumple Uruguay en esta carrera cada vez más dinámica?
El escenario local ofrece oportunidades claras, pero también limitaciones importantes. Por un lado, existe interés creciente, necesidad de modernización y margen para desarrollar soluciones con sentido local. Por otro, aparecen barreras concretas: costos altos, falta de infraestructura, escasa formación específica y marcos normativos todavía ambiguos.
La adopción de estas tecnologías en países como Uruguay puede verse limitada por el acceso restringido a equipamiento como tomografías CBCT, la falta de capacitación en IA y los sesgos presentes en modelos entrenados con datos de otras poblaciones.
A esto se suma una discusión central: qué datos pueden usarse, quién puede utilizarlos, bajo qué condiciones y con qué responsabilidad. En salud, innovar no depende solamente de que la tecnología exista, sino de que pueda aplicarse con seguridad, legitimidad y confianza.
¿Qué necesita realmente el odontólogo?
Quizás uno de los aportes más valiosos de este momento no sea únicamente el desarrollo inmediato de una herramienta, sino la posibilidad de abrir una conversación más madura entre profesionales, instituciones y actores tecnológicos.
¿Qué tipo de asistencia puede ofrecer la inteligencia artificial sin desplazar el criterio clínico? ¿Qué límites éticos y regulatorios deben establecerse? ¿Cómo se construyen bases de datos útiles y representativas? ¿Qué papel deben jugar la universidad, las asociaciones profesionales y los desarrolladores?
Todas esas preguntas forman parte del mismo proceso.
Cuando ves todos estos avances de la IA, ahora no solo en la odontología, ¿cuál es la reflexión que te surge?
La inteligencia artificial ya empezó a modificar el horizonte de la odontología. En áreas como la endodoncia, la evidencia científica muestra avances concretos. Pero para que ese potencial se traduzca en impacto real, no alcanza con incorporar herramientas existentes: hace falta pensar estratégicamente qué desarrollar, para quién, con qué objetivos y bajo qué reglas.
Uruguay tiene la posibilidad de participar de esa conversación no solo como usuario de tecnologías importadas, sino también como espacio de creación, adaptación e innovación. Para eso harán falta profesionales abiertos al cambio, equipos multidisciplinarios, respaldo institucional y una discusión seria sobre formación, datos y regulación.
La oportunidad está sobre la mesa. El desafío ahora es convertirla en un camino posible.